El trasplante hepático está indicado en la insuficiencia hepática ya sea aguda o crónica. La insuficiencia se evidencia en signos y síntomas clínicos como ictericia, encefalopatía, ascitis, peritonitis bacteriana, mientras que los trastornos de la síntesis hepática se objetivan por la coagulopatía, la hiperbilirrubinemia, la hipoalbuminemia etc. La hipertensión portal que se genera en los procesos crónicos se caracteriza por esplenomegalia, plaquetopenia y hemorragia digestiva por várices esofágicas. La causa que origine la falla hepática determina la forma de presentación. En la forma aguda los pacientes se presentan con coagulopatía y encefalopatía, mientras que en la forma crónica predominan la ascitis, el sangrado digestivo y la desnutrición
La sola presencia de cirrosis en la enfermedad hepática crónica no es indicación de trasplante. Algunos pacientes con cirrosis compensada tienen menor riesgo de mortalidad que con el trasplante mientras que la cirrosis descompensada tiene mal pronóstico sin el trasplante. La adaptación del score de riesgo MELD (“Model of End-stage Liver Disease) y su variante pediátrica PELD, que mide la probabilidad de mortalidad de los pacientes cirróticos a tres meses, ha logrado estratificar de manera cuantitativa el riesgo de muerte y es la herramienta que se utiliza para ordenar la lista de espera de trasplante de órganos cadavéricos.
Una correcta evaluación del candidato para trasplante hepático no solo debe contemplar el funcionamiento del resto de los órganos: suficiencia respiratoria, funcionalidad cardíaca y enfermedad coronaria y renal, replicación viral (virus C y HIV) si no también establecer las probables contraindicaciones del procedimiento.
(Gentileza: INCUCAI ARGENTINA)